Empezamos el año con el trend “2026 is the new 2016” y de repente todo el mundo recordaba en su feed de Instagram esa época de hace 10 años sin darnos cuenta que el reto viral no es una vuelta al pasado sin más, sino que 2026 tiene mucho que ver con 2016. Una década que no es que vuelva con fuerza es que, en materia joyas, muchas de las tendencias que hoy deseamos ya las lucimos en su día; son viejas conocidas que hoy unen a Millennials y Generación Z en una misma estética.
2016 fue una época relajada, en la que todavía no existían tantas etiquetas o bandos como hoy, simplemente utilizamos la moda con una forma de expresión. Casualmente, el universo de la joyería recupera ahora ese lenguaje de autoexpresar personalidad y emociones a través de piezas con carácter. 2016 fue un punto clave en la evolución de la joyería; una convivencia entre el maximalismo y el minimalismo permitió que la joyería se adaptara a distintos estilos, estados de ánimo y formas de expresión. Diez años después, la joyería vuelve a mirar hacia una de sus etapas más libres, expresivas y experimentales, reinterpretando las tendencias que marcaron aquel año clave.
2016, cuando la joyería volvió a expresarse
Tras años de minimalismo extremo, la joyería recuperó su poder narrativo. Las piezas dejaron de ser meros complementos para convertirse en declaraciones de estilo. Había espacio para el exceso, la mezcla y la identidad personal. 2026 recupera ese espíritu con una mirada refinada y actual. Estas son algunas de las tendencias que más llevamos en 2016 y que hoy son un must.
Joyas statement. En 2016, los pendientes XXL, anillos chunky y diseño casi escultóricos dominaban las tendencias. En 2026, las joyas statement vuelven a ser un must pero con líneas más depuradas y una estética más sofisticada. En lugar de adquirir piezas efímeras, los consumidores optan por joyas que duren toda la vida, que puedan transformarse y acompañar distintos momentos. La durabilidad no es solo material, sino también emocional.

Layering y stacking. Un gesto que se ha convertido en una máxima en el universo joyero y que volvió como una forma de autoexpresión sin reglas. Una tendencia que en 2016 tuvo un gran protagonismo y que este 2026 es una forma de contar historias, de transmitir personalidad.
Cadenas, geometría y fuerza visual. Las formas geométricas fueron grandes protagonistas hacen diez años. Hoy siguen presentes en nuestro joyero con un enfoque más elegante y funcional a través de piezas convertidas en imprescindibles como las cadenas de eslabones, el icónico chocker, los maxi pendientes geométricos o anillos estructurados.

Oro rosa y tonos cálidos, nostalgia refinada. El oro rosa fue uno de los grandes favoritos de 2016, y su retorno no es casual. En un contexto donde buscamos calidez y cercanía, los tonos suaves y cálidos vuelven a conectar emocionalmente con quien los lleva. En 2026, el oro rosa convive con el oro amarillo clásico y mezclas de metales, reforzando la idea de libertad estética.

Perlas y clásicos reinventados. Así como en 2016 las perlas rompieron con su imagen tradicional, en 2026 continúan evolucionando. Ya no representan solo elegancia clásica, sino versatilidad, modernidad y contraste.

Joyas con significado. Si en 2016 vimos joyas con palabras, iniciales y símbolos, en 2026 el enfoque va un paso más allá. Las piezas siguen siendo personales, pero ahora priorizan el valor emocional, la durabilidad y la intención.
En definitiva, 2026 is the new 2016 no significa mirar atrás con nostalgia, sino reconocer una época que celebró la creatividad, la mezcla y la identidad.








