El grupo suizo de lujo Richemont cerró su ejercicio fiscal 2025/2026 con unos resultados sólidos impulsados, sobre todo, por el excelente comportamiento de su división de joyería, que continúa consolidándose como el gran motor del negocio en un contexto internacional marcado por la incertidumbre económica y la desaceleración del consumo de lujo accesible.
Las maisons joyeras del grupo —entre ellas Cartier, Van Cleef & Arpels y Buccellati— volvieron a demostrar la fortaleza del segmento de alta joyería y relojería exclusiva, registrando un crecimiento sostenido que compensó la debilidad de otras áreas del mercado del lujo. La demanda de piezas excepcionales, con fuerte componente artesanal, patrimonial y emocional, continúa mostrando una notable resiliencia incluso en un escenario geopolítico complejo y con consumidores más selectivos.
Según el informe anual presentado por la compañía, Richemont alcanzó unas ventas de 22.420 millones de euros en el ejercicio finalizado el 31 de marzo de 2026, lo que representa un crecimiento del 11% a tipos de cambio constantes y del 5% a tipos reales. El beneficio operativo se situó en 4.492 millones de euros, mientras que el beneficio neto aumentó un 27%, hasta los 3.484 millones de euros.
En concreto, la división de joyería registró un incremento de ventas del 16% en el último trimestre fiscal y mantuvo un crecimiento de doble dígito durante todo el año. Cartier y Van Cleef & Arpels continúan siendo las grandes locomotoras del grupo, impulsadas por una demanda sostenida en Estados Unidos, Japón y parte de Asia. La compañía destacó además el buen comportamiento de mercados como América y Japón, que compensaron la caída del turismo de lujo procedente de Oriente Medio. Johann Rupert, presidente de Richemont, subrayó que el grupo continúa apostando por “la inversión a largo plazo en artesanía, patrimonio y expansión estratégica”, incluso en un contexto global cada vez más inestable.
A pesar de los buenos resultados, Richemont reconoce que el incremento de los costes de producción, especialmente por la subida del oro y otras materias primas, ha presionado sus márgenes operativos. El margen bruto cayó hasta el 64,4%, frente al 66,9% del ejercicio anterior. Sin embargo, la compañía ha conseguido amortiguar ese impacto gracias a una combinación de disciplina financiera, control de costes y una política de incrementos de precios mucho más moderada que la de otros grandes grupos del lujo. Esta estrategia le ha permitido mantener el atractivo de sus colecciones sin erosionar la percepción de valor por parte del consumidor.
En este contexto, la joyería se consolida como uno de los pilares más sólidos del lujo internacional. Frente a categorías más expuestas a tendencias rápidas o ciclos de consumo inmediatos, la alta joyería mantiene una relación más estable con el cliente, sustentada en la artesanía, la exclusividad y la permanencia.
Richemont destacó además el papel estratégico de la experiencia boutique y del servicio personalizado como elementos clave para reforzar el vínculo con los consumidores de alto poder adquisitivo. Las maisons del grupo continúan apostando por piezas únicas, colecciones de alta joyería y experiencias exclusivas capaces de generar deseo en un cliente cada vez más orientado hacia productos con identidad y significado.
La compañía también subrayó la importancia creciente de la trazabilidad, el abastecimiento responsable y la transparencia dentro del negocio joyero, aspectos que están redefiniendo las expectativas del consumidor de lujo contemporáneo y que se han convertido en factores decisivos de valor para las nuevas generaciones de compradores.
En paralelo, el negocio relojero mostró un comportamiento más desigual dependiendo de las regiones y categorías de producto, reflejando una demanda más selectiva dentro del sector de la relojería de lujo. Aun así, Richemont mantiene una posición sólida gracias a la fortaleza de firmas históricas como Vacheron Constantin, Jaeger-LeCoultre, IWC o Piaget.

