Después de protagonizar una de las mayores escaladas de los últimos años y alcanzar sucesivos máximos históricos durante 2025 y principios de 2026, el oro ha experimentado en las últimas semanas una importante corrección que ha sorprendido a los mercados. El metal precioso ha registrado su mayor caída desde marzo, llegando incluso a borrar las ganancias acumuladas en lo que va de año en algunos momentos de cotización. Detrás de este movimiento se encuentra principalmente un cambio en las expectativas sobre la política monetaria estadounidense y la posibilidad de que los tipos de interés permanezcan elevados durante más tiempo del previsto.
El oro comenzó 2026 con una fuerte escalada que lo llevó a superar los 5.500 dólares por onza en enero, impulsado por la incertidumbre geopolítica, las compras de bancos centrales y la búsqueda de activos refugio por parte de los inversores. Y es que, tras un 2025 en el que el metal registró una de sus mayores revalorizaciones de las últimas décadas, el mercado alcanzó niveles récord durante los primeros meses del año.
Sin embargo, a partir de la primavera, el oro inició una corrección significativa debido a las expectativas de que los tipos de interés permanezcan elevados durante más tiempo en Estados Unidos. Aun así, los analistas consideran que los factores estructurales que han impulsado su crecimiento —la demanda institucional, la diversificación de reservas y la incertidumbre económica global— continúan presentes.
El metal dorado se desplomó bruscamente tras el inicio del conflicto a finales de febrero y ha cotizado en una banda estrecha en las últimas semanas. El pasado viernes 5 de junio cayó un 3,27% y cerró en 4,328 dólares la onza, un movimiento que prácticamente elimina el avance registrado desde enero y su mayor caída diaria desde marzo registrando así un alza de solo 0,2% en lo que va de año.
Esta colección se produjo tras la publicación de los datos laborales de mayo en Estados Unidos, que mostraron una creación de 172.000 empleos, una cifra que superó ampliamente las previsiones del mercado. Además, ya durante el mes de mayo, estos metales mostraron un comprometimiento mixto, marcado por la gran volatilidad y la interacción con factores macroeconómicos, geopolíticos y financieros.
A pesar de esta caída , numerosos analistas consideran que el movimiento responde más a una corrección técnica que a un cambio estructural en la tendencia de fondo. Durante los últimos años, el oro se ha visto impulsado por factores que continúan presentes: la incertidumbre geopolítica, las tensiones comerciales, el aumento de las compras por parte de los bancos centrales y la búsqueda de diversificación por parte de los inversores internacionales.
De hecho, las entidades monetarias de numerosos países continúan incrementando sus reservas de oro como herramienta de protección frente a la volatilidad de los mercados y las tensiones internacionales. Esta demanda institucional se ha convertido en uno de los principales motores del mercado durante los últimos ejercicios.
La evolución del oro durante los próximos meses dependerá en gran medida de las decisiones de los bancos centrales, especialmente de la Reserva Federal estadounidense. Los inversores seguirán atentos a cualquier señal sobre la evolución de la inflación y el calendario de futuras bajadas de tipos.
Mientras tanto, el metal precioso continúa moviéndose entre dos fuerzas contrapuestas: por un lado, la presión derivada de unos tipos de interés elevados y, por otro, su tradicional papel como refugio en un entorno global marcado por la incertidumbre económica y geopolítica.

